Odio, aborrezco, detesto, el ruido engendrado por los platos, vasos y cubiertos, cuando al sacarlos del lavavajillas chocan entre sí ansiadamente, dando lugar a un ruido desmesudaramente chirriante que penetra profundamente en mis oídos generando, así, en mi pasiva tranquilidad, una furia atroz que, al mismo tiempo, hace que la persona que orbita a mi alrededor sufra un pequeño atentado moral, lo cual se volverá, en un futuro próximo, en mi contra ya que se me reprochará la falta de autocontrol como de comportamiento como de educación. Aplicando la tercera Ley de Newton o principio de acción y reacción, el echo de que se me culpe de expresar verbalmente algo que no tendría por qué haber fluído, de no ser por ese ruido infame y engorroso resultante del roce de unos platos con otros, ejerce sobre mí una fuerza de igual dirección pero de sentido contrario, que actuará sobre dicho ser, el cual aún sigue la trayectoria de su órbita alrededor de la masa uno; yo. Tras repetirse infinitud de veces esta situación, a la masa dos, situada a un radio de 2 metros con respecto a la masa uno, y que continúa orbitando, se le aporta una cantidad de energía, de tal manera que ésta se traslada al infinito. Masa uno y masa dos, finalemente distan una distancia infinita.
Masa dos se ha perdido. Masa uno se c.... en los platos.
Me da dentera el ruido que hacen los platos cuando colisionan mutuamente.

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