Nos situamos en la Edad Media (400-800):
-Caliente y frío, húmedo y seco- las cuatro propiedades fundamentales.
Según la cosmología medieval, se creyó, hasta el siglo XV, que el mundo estaba formado por un conjunto de esferas cristalinas dentro de las cuales se situaba un planeta. Es decir, cada planeta lo cubría una esfera concéntrica de cristal y, además, al girar ésta, se desprendía la llamada música celestial. En el centro del cosmos se situaba la Tierra, despúes se encontraban la Luna y el Sol.
La Tierra se componía de cuatro elementos: el fuego (caliente y seco), el aire (caliente y húmedo), el agua (frío y húmedo) y la tierra (frío y seco).Así, el hombre, que se convertiría en el centro del mundo junto con la Tierra, se veía instrínsecamente ligado a estos cuatro elementos, los cuales correspondían a los cuatro humores corporales (bilis amarilla, bilis negra, sangre y flema). De este modo, al hombre colérico le correspondía el fuego, al melancólico angustiado la tierra, al sanguíneo alegre el aire y al flemático tranquilo el agua. Mientras existiera equilibrio entre estos humores, el temperamento del hombre sería armonioso; por el contrario, si uno de ellos prevaleciera sobre los demás, el hombre acusaría cierto carácter. Sobre las esferas, y envolviéndolas, vivía Dios en eterno reposo; en el mundo sublunar, por el contrario, reinaba el cambio. Ahora bien, el hombre, junto con la Tierra, se encontraba en el centro del universo. Así pues, el hombre, en tanto que centro del mundo, supondría un pequeño cosmos en sí mismo, y sobre su cuerpo terrenal brillaría el sol de la racionalidad.
"El hombre es a la vez animal y ángel, materia y espíritu"

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