lunes, 19 de septiembre de 2011
Apaga la luz.
Deja que todo comience a domir para sumergirte tu también en ese profundo sueño.
Olvida, siente cómo poco a poco te vas perdiendo en la infinidad del vacío del espacio que te rodea.
Deja que el aire que entra por la ventana enfríe tus manos y tu nariz.
Respira, no te muevas, escucha el silencio.
Se que tienes los pies congelados, hoy olvidaste ponerte los calcetines rojos.
Tu cabeza, saturada, sólo quiere dormir.
Enrédate en un sueño infinito del que no puedas salir por un tiempo.
Descansa.
Tienes ojeras, profundas, desesperadas, rotas, dolidas, nerviosas, agitadas, exhaustas.
Envuélvete en la música: Bach, Debussy...
Vuela.
Expira.
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